¿Qué tan buena influencia eres?

Proverbios 12:26

¡Buenos días mujercitas, espero se encuentren bien! Hace poco me pidieron que hablara acerca de ser una buena influencia y esto me pareció un tema excelente porque todas las personas influenciamos de alguna manera, para bien o para mal. Siempre estamos influyendo; influimos a nuestros amigos, nuestros hijos, hermanos, padres, es más influimos (sin que lo notemos) a toda esa gente con la que interactuamos en el día a día; los maestros, la cajera, el mesero, o nuestros compañeros de trabajo o escuela. Pero la pregunta es ¿qué tipo de influencia somos?

Proverbios 12 versículo 26 dice que “El justo sirve de guía a su prójimo; más el camino de los impíos los hacer errar”. Pero ¿qué características tienen las personas “justas” para poder ser de guía del prójimo?

La Biblia pone como ejemplo de personas “rectas o justas” a Job, a Noé y a Daniel. Y cuando estudias un poco a estos personajes encuentras que hay tres constantes en su carácter: su fe, su obediencia y su temor a Dios.

La primera característica de la gente justa es su fe, es decir pone su confianza en el Dios todopoderoso. Ellas saben que Dios tiene el control de todas las cosas y confían en que los planes que Él tiene son perfectos siempre. La segunda característica es su obediencia a Dios. Estas personas conocen lo que al Señor le gusta y lo que le disgusta, saben lo que Dios pide de ellas y conocen las bendiciones que hay cuando le obedecemos y las consecuencias de la desobediencia. Y la tercera característica es que encontramos en ellas temor reverencial y fidelidad a Dios.

Ahora, no sé si conoces la historia de Job, pero a muy grandes rasgos, Dios permitió que Job perdiera absolutamente todo lo que tenía el mismo día, y justo cuando llegaron a avisarle que había perdido todas sus pertenencias, su riqueza y lo peor de todo ¡que habían muerto todos sus hijos! ve lo que Job contestó, ve la fe que tenía en Dios: “Al llegar a este punto, Job se levantó, se rasgó las vestiduras, se rasuró la cabeza, (esto lo hacían los judíos en señal de duelo, de tristeza) y luego se dejó caer al suelo en actitud de adoración (se puso a adorar a Dios) y Entonces dijo: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado; el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor!» A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios”.

Ahora vamos a ver la obediencia de Noé, ese hombre “recto” que escogió obedecer a Dios a pesar de que la razón y la gente le indicaran que ¡estaba loco! No sé si recuerdes, pero en aquella época nadie en el mundo había visto llover, es más, nadie sabía qué era eso, en Génesis 2 se explica que de la tierra subía un vapor que hacía las veces de lluvia, pero no caía agua del cielo. El mundo nunca había visto llover, no tenían ni idea de qué era eso y, sin embargo, Noé no solo le creyó a Dios, sino que puso su fe en práctica y lo obedeció poniéndose a construir una mega arca.

El tercer ejemplo es el de Daniel, ese gran profeta que desde jovencito se llevaron como esclavo a Babilonia pero que en lugar de agarrar las costumbres paganas y de olvidarse de su Dios prefirió mantenerse íntegro y seguir honrando y glorificando al Dios verdadero. Gracias a eso Daniel tuvo que volverse vegetariano, casi fue devorado por leones, fue víctima de críticas, persecución y mucha gente lo odiaba hasta la muerte, pero gracias a la fidelidad y al temor que el profeta le tuvo al Señor, mucha de esa gente malvada e incrédula terminó conociendo y adorando al Señor.

Y es que, las personas justas nos bendicen con su vida, con su experiencia pero sobretodo con su ejemplo. No quiere decir que sean perfectas, porque nadie lo es, pero ellas reconocen que necesitan de la guía de Dios para saberse conducir sabiamente, sus consejos siempre van a estar basados en la Palabra de Dios y su fe estará respaldada con sus acciones.

Mira, cuando tienes la bendición de encontrarte con una persona así es imposible no darte cuenta, porque su fe brilla; son personas pacientes, benignas, bondadosas, llenas de fe, de mansedumbre y de templanza. Procura pasar más tiempo con ellas, pídeles consejo y aprende de ellas porque la idea es que tanto tú como yo también lleguemos a ser de guía para nuestro prójimo.

Toma la responsabilidad de cuidar tu relación íntima con Dios y tu testimonio ante la gente, por favor sé consciente de que en todo momento influyes en las personas. Mira, has la prueba y comprueba que es cierto lo que te digo con algo tan simple y pequeñito como sonreírle a la cajera del banco o a quien te atienda en el súper, y pregúntale ¿cómo va su día? elógiala por su eficacia, por su servicio, por su paciencia o por algo bueno que veas en ella, vas a ver como a partir de ahí su día se torna distinto.

Sé que este ejemplo es algo chiquitito ahora imagínate todo lo que puedes influenciar en la gente con la que convives mucho más tiempo, por eso vale la pena que nos cuestionemos a nosotras mismas, ¿qué tipo de influencia somos? O sea, si alguien le preguntara a tu esposo, a tus papás, o a tu mejor amiga que es lo que caracteriza tu carácter ¿Qué es lo que contestarían? ¿Tu fe, tu obediencia, tu temor y tu fidelidad en el Señor? o tu incredulidad y tu falta de temor en Dios, o tu desobediencia a su Palabra y tu necedad, o quizás lo que mejor te caracterice sea la auto-confianza que proyectas en ti misma y tu necedad por tener siempre la última palabra?

La verdad es que vale la pena que ponderes esta pregunta y le pidas al Espíritu Santo que te ayude número uno a ser una buena influencia en tu entorno y número dos que te permita rodearte de gente recta y justa que te enfoque cada vez más en el camino de Dios.

¡Que tengas una linda semana, y que Dios te bendiga!


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