No Importa tu Temperamento

Proverbios 29:11

¡Buenos días mujercitas, espero se encuentren bien! Como seguramente han notado ya estamos a finales del libro de Proverbios y a estas alturas sabemos que hay temas que se repiten una y otra vez, de maneras distintas, con escenarios diferentes, pero el corazón del asunto es el mismo, en este caso hablo de la ira desmedida. Proverbios 29:22 dice: “El hombre iracundo levanta contiendas, Y el furioso muchas veces peca”.

Y yo creo que todas conocemos a varias personas que son así; de carácter fuerte, explosivo, enojones, impulsivos. La psicología les llama de “temperamento colérico”. Y es que, por allá del siglo V los médicos Hipócrates y Galeno clasificaron cuatro tipos de temperamentos en las personas, mismos que la psicología a puesto de moda y que la gente ha aprendido a utilizar como pretexto para justificarse y seguir siendo como es.

Les platico a muy grandes rasgos cuáles y cómo son estos cuatro tipos de temperamentos: los sanguíneos, son personas entusiastas compasivas y cálidas, pero exageradas y egocéntricas; los Flemáticos, son personas objetivas, confiables y tranquilas, pero morosas y egoístas; los melancólicos, son personas dotadas, auto-disciplinadas y analíticas, pero críticas e insociables, y finalmente los coléricos, líderes productivos, independientes y prácticos, pero irascibles y dominantes.

Por supuesto que no voy a negar la realidad evidente de que todas las personas tenemos tendencias específicas que se pueden agrupar como lo sugieren Hipócrates y Galeno; Dios nos creó con un carácter específico, pero la exageración, el egocentrismo, la crítica y lo dominante junto con la ira desmedida es producto de nuestro pecado y debemos de aprender a someterlo a Dios, no ha apapacharlo con la bandera de la psicología.

Porque finalmente ¿qué importa si soy una histérica porque soy de temperamento colérico o porque nadie me enseñó a manejar la frustración? Al fin al cabo estoy pecando desobedeciendo a Dios que me dice “enójate, pero no peques”, y lastimo a la gente de mi entorno y fallo en “amar a mi prójimo como a mí misma”.

Porque la realidad es que la ira no se limita al colérico, todos los demás temperamentos caemos en esto, ya sea por la educación que recibimos, por los golpes de la vida, por los malos ejemplos, o por lo que tu gustes y mandes, el punto es que nos dejamos llevar por nuestro enojo.

Por eso es importante que digamos: ¡Ya basta! Basta de agredir a mis hijos porque me enojé con mi marido, basta de enojarme con mi marido porque no hace las cosas como yo las haría, basta de ponerme como histérica porque no tengo el control de la situación, basta de agredir a otros ya sea verbal o físicamente ¿por qué? porque no le agrada a Dios, porque no trae nada bueno a mi familia, porque no testifico del Evangelio y por obediencia al Señor.

Ahora, se oye bien bonito, pero, a la hora del coraje ¿cómo le hago? ¿cómo controlo mi carácter si han pasado años en los que él me controla a mí? Bueno pues la semana pasada te hablé del temor de Dios (si no lo escuchaste búscalo es el día 38 Prov. 28) porque el temor de Dios nos debe frenar, nos debe de dar miedito estar desobedeciéndolo, como cuando desobedecíamos a nuestros papás y sabíamos que habría una consecuencia, o como cuando vas textenado y viene la patrulla atrás de ti, bueno cuanto más deberíamos de temer a Dios que es nuestra máxima autoridad.

Entonces, sí se te hace fácil agredir verbalmente, memorízate Eclesiastés 5:6 y recuérdalo cuando estés en esos 10 minutos de histeria: “No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?”. ¡Ay! Aimeé ¿a poco si pasa eso? ¡Por supuesto! Recuerda que Dios nos disciplina, y que las consecuencias de nuestro pecado nos alcanzan. Ve tu entorno, fíjate cuantas relaciones rotas hay entre esposos, entre padres e hijos y todo porque ofendieron, lastimaron e hirieron profundamente con sus enojos. Lee las noticias, en medio del coraje muchísimas personas cruzaron la línea, la línea de la violencia, de los golpes, de los asesinatos. Miles de personas (cristianas y no cristianas) están en la cárcel por un par de minutos en los que no se contuvieron y están arrepentidas profundamente, porque además, en el fondo, nunca desearon llegar a esos extremos.

Pero no solo el temor de Dios debe detenernos y ayudarnos a cambiar el rumbo, también el amor de Dios y a Dios, porque si verdaderamente comprendemos el Evangelio: que Dios entregó a su Hijo para que lo asesinaran en lugar nuestro, que Cristo pagó nuestros platos rotos, nuestro pecado, que se entregó a sí mismo para que tuviéramos una vida distinta a la que estamos acostumbradas, una vida libre y plena… si verdaderamente lo comprendemos y lo creemos no podemos permanecer impasibles, estamos en deuda y como decía Pablo en Romanos 8 “Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”.

Así que, con esto en mente te propongo que esta semana busquemos con determinación temer y amar a Dios, que nuestro temperamento y nuestra ira estén completamente sujetas a nuestro Padre.

¡Que tengas una linda semana, y que Dios te bendiga!


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