¿Por qué rechazó Dios la ofrenda de Caín?

¿Por qué rechazó Dios la ofrenda de Caín?

En el capítulo 4 de Génesis leemos que dos hermanos, Caín y Abel traen una ofrenda delante de Dios, sin embargo el v. 5 nos dice que Dios “no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.”

Es importante leer con cuidado las Escrituras porque si las leemos demasiado de prisa nos perdemos los profundos detalles de lo que nos está narrando. Nos dice que Dios no miró con agrado a Caín y la ofrenda, de modo que hay algo más que solamente la ofrenda del hermano mayor. La Biblia no nos dice explícitamente qué es lo que está mal con la ofrenda de Caín o con su actitud pero el relato nos lo revela al describir con gran detalle la ofrenda de Abel. Nos dice que Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. En otras palabras, Abel quiere darle lo mejor que tiene a Dios. En lugar de nuestra tendencia de ver por nosotros mismos primero, el hijo menor de Adán quiere entregar lo mejor que tiene al Creador. En contraste, Caín trajo lo que solo se describe como “una ofrenda” del fruto de la tierra.

Siglos más adelante Dios explicaría por medio de los profetas que más importante aún que las ofrendas es la intención del corazón. David lo entendió bien cuando escribió las siguientes palabras en el Salmo 51 “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.”

Parece evidente que el corazón de Caín no estaba en el lugar correcto, Dios mismo le advirtió que hiciera lo bueno y sería enaltecido y en lugar de seguir el consejo de Dios fue y mató a su hermano para luego justificarse con la patética frase: “¿soy yo acaso guarda de mi hermano?”.

Si hemos de aprender algo de esta triste historia es el diagnóstico que nos da el libro de Hebreos cuando habla de Abel: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.”

Que nuestra vida sea un testimonio de reverencia y entrega al Señor. Démosle a Dios lo mejor de nuestro tiempo, lo mejor de nuestros recursos, lo mejor de nosotros.

Que Dios te bendiga


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