La Ansiedad y la Oración

Día 16 “La Ansiedad y la Oración”

¡Buenos días, espero se encuentren bien! En el video pasado platiqué que al miedo lo vence un miedo más grande y que ese miedo mayor siempre debe ser el temor a Dios, porque finalmente Él es soberano. Pero este es el último video de la serie de la ansiedad y me gustaría cerrar platicando acerca de la oración.

Cualquier persona que ha experimentado ansiedad y preocupación debe reconocer lo difícil que es orar intencionalmente cuando nos sentimos heridos, lastimados y ansiosos. Y es que llevar una vida de oración cuesta mucho trabajo, pero se vuelve mucho más complicado cuando hay una preocupación de por medio, porque nuestro primer instinto, no es correr a Dios y dejarlo en sus manos, sino querer entenderlo todo; los por qués, los cuándos, los cómos y no dejar atrás ni el quién, ni el en donde? Y una vez que logramos responder estas dudas, inmediatamente se levantan en nuestra mente muchos tipos de pensamientos: los conciliadores, los busca pleitos, los estrategas, los maquiavélicos, los de víctima, todos los que ustedes saben y se imaginan… pero pocas veces nos detenemos a simplemente hacer lo que manda 1 de Pedro 5:7 “echar toda nuestra ansiedad sobre Dios, porque él tiene cuidado de nosotros”.

Pero es justo en medio de las pruebas en donde se evidencia nuestra fe; en dónde Dios nos perfecciona, nos afirma, nos fortalece y nos hace más pacientes. Muchas veces en nuestra vida debemos de esperar en Dios, confiar en que Él tiene un tiempo para cada cosa, que Él tiene cuidado de todas las personas y que Él y solamente Él nos puede dar paz.

Hay muchos momentos en nuestro caminar cristiano en que lo único que Dios requiere de nosotros es que estemos quietos y esperemos en Él. Esto me recuerda el Salmo 46. Los primeros versículos dicen así: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza”.

Y el contexto de este Salmo es Israel enfrentando un tiempo de guerra, un campo de batalla, pero podemos ver que han depositado toda su confianza en Dios, ellos están seguros de que Él peleará y ganará la batalla, de hecho, dice: “Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob”.
Pero llega el versículo 10 en el cuál Dios dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra”.

Hay un tiempo para todo y cada uno tenemos una tarea específica, es decir, uno no puede hacer más de lo que puede, aunque tenemos que hacer nuestra parte. Pero llega un punto en el que humanamente ya no podemos hacer más y es ahí en donde Dios dice: espérate, ahora me toca a mí… tú haces tu parte y Él hace la suya. Como decía San Agustín “Ora como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”. Pretender hacer demás, no solo es arrogante, sino que, nos perdemos la bendición de ver a Dios actuar en nuestro favor.

Y hay muchas veces en las que debemos estar quietos, doblegar el orgullo, reconocer que no podemos todo, que no sabemos todo y que dependemos de nuestro Creador, momentos en los que debemos estar quietos, sí, pero en oración, porque hay batallas que se ganan de rodillas, batallas que Dios no comparte.

Y es a través de la oración, de una comunión íntima con Él que conseguimos esa paz que sobrepasa todo entendimiento a pesar de estar quietos. Cómo lo expresa claramente el apóstol Pablo en Filipenses 4“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Si se fijan hay una condicionante que dice: Y la Paz de Dios, ese Y, quiere decir: tú haces esto y entonces recibes esto otro… en otras palabras, estando quieto y con un corazón agradecido oras a Dios y le dices todo lo que te preocupa y afana y entonces Él te llenará de su paz.

No puedo enfatizar lo suficiente, lo importante que es la oración en la vida del creyente, especialmente en tiempos difíciles, en tiempos de preocupación, ansiedad, miedo y angustia. Poder decirle a Dios como te sientes, qué piensas, qué te gustaría, qué te da miedo y dejar tus cargas en sus manos, sabiendo que son las mejores manos y que Él tiene cuidado de ti.

Pero yo sé que orar no es tan fácil porque a pesar de que es una acción simple se necesita fe, disciplina, determinación, humildad y muchas veces confrontarnos con nuestros verdaderos sentimientos y eso, puede ser muy complicado para muchas personas. Se necesitas varias cualidades para cultivar esta disciplina y ninguna de ellas se nos da tan fácil. Sin embargo, bien lo dijo RC Sproull “Una persona puede orar y no ser cristiano, pero un cristiano no puede no orar”…

Y bueno, con esto termino la serie acerca de la ansiedad desde una perspectiva cristiana, pero no sin antes animar a todos aquellos ansiosos, que al igual que yo, necesitan recordar de vez en vez que no están solos, con una de las promesas más hermosas que Jesús les hizo a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”…

¡Que tengas un lindo día, y que Dios te bendiga!


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