La Ansiedad y el Pecado

Día 4 “La Ansiedad y el pecado”

¡Buenos días, espero se encuentren bien! En el video pasado platiqué acerca del enfoque psicológico sobre la ansiedad y la importancia de involucrar a Dios no solo si estamos batallando con ella, sino en nuestra vida en general. Pero hoy quiero hablar sobre la relación que existe entre la ansiedad y el pecado.

La primera vez que la Biblia registra que alguien sintió miedo, ansiedad o angustia fue justo después de la caída del hombre, el hombre hizo algo malo y se escondió de Dios porque tuvo miedo, es decir, este tipo de emociones vinieron a raíz de que el hombre desobedeció. Pero, sentir ansiedad no es pecado, es como la ira, no es pecado sentir ira, pero si aventarle la chancla al marido, lo mismo con la ansiedad, no es pecado sentir ansiedad por enterarme que tengo una enfermedad incurable, pero sí es pecado culpar a Dios o a los doctores y llenarme de amargura. El mismo Señor Jesucristo sintió ansiedad y una angustia profunda, dice la Palabra que era tan intenso su sentimiento que su sudor era como gotas de sangre. Entonces, sentir ansiedad no es pecado, el problema es como respondemos ante ella, Jesús vino a los pies de su Padre y en oración volcó su corazón angustiado, pero muchas veces nosotros no hacemos eso, o hacemos eso, pero también otras cosas que están mal.

Pero primero quiero explicar porque digo que la ansiedad se origina en el pecado y para ello voy a dividir el pecado en tres rubros distintos, el pecado que nosotros mismos cometemos, el pecado original y el que alguien más comete en nuestra contra.

Tu puedes estar experimentando ansiedad o angustia por El pecado que tu mismo cometiste. Por ejemplo, si has sido avaricioso, mentiroso o desleal, como la persona infiel, ¡o Judas! que mintió y vendió a Cristo, y tal fue su miedo y angustia que terminó suicidándose.

Pero también puedes estar experimentando ansiedad por la consecuencia del pecado original como la enfermedad y los desastres naturales. Por ejemplo, si recibes un mal diagnóstico médico, o estas enfrentando la muerte de un ser querido o las consecuencias de un terremoto, pues es muy normal que te sientas angustiado.

Y, por último, puedes estar experimentando ansiedad por el pecado que alguien comete en tu contra y para ejemplificarlo nadie mejor que el rey David en el Salmo 143:4 “Mi enemigo me ha perseguido con saña; ha puesto mi vida por los suelos. Me hace vivir en tinieblas, como los muertos. Mi espíritu está totalmente deprimido; tengo el corazón totalmente deshecho”. David estaba experimentando la saña de alguien abusivo y la angustia tremenda que esto ejerce.

Entonces, es importante reconocer qué tipo de pecado está generando tu ansiedad o angustia: tu propio pecado, el pecado original o el pecado de alguien en tu contra porque, descubrir esto va a ser uno de los pasos más importantes para hacerle frente.

Y una vez que lo identificas debes saber que hay dos maneras en las que puedes responder ante el pecado (ya sea el propio, el del pecado original o el que alguien comete en tu contra) y estas son: con más pecado o en obediencia a Dios.

º Con más pecado, no tomas en cuenta lo que Dios dice, lo quieres hacer a tu manera, arreglarlo a tu buen entender o con lo que te aconseja el psicólogo o una amiga. Pero muchas veces un psicólogo o un amigo te puede aconsejar que te divorcies si tu esposo y tu ya no se llevan bien, que mejor busquen ser felices cada uno por separado mientras terminen en buenos términos.

º En obediencia a Dios, lamentablemente es muy común que busquemos el consejo de Dios ya cuando hemos empeorado las cosas y hemos cavado un hoyo más profundo, y, sin embargo, es muy sencillo conocer lo que Dios nos aconseja con tan solo leer y estudiar diligentemente la Biblia. En el ejemplo anterior, veríamos que Dios aprueba el divorcio en contadas ocasiones y que no aprueba el divorcio no nomas porque ya no me gustó.

Pero quiero que meditemos en la respuesta cristiana que tuvieron el rey David, Job y Jesús cuando pasaron por mucha angustia y ansiedad.

La historia del rey David con Bestabé ilustra muy bien cuando nuestro propio pecado nos causa ansiedad y cavamos un pozo más profundo por no tomar en cuenta a Dios. David peca al tener relaciones sexuales con la esposa de su amigo, después trata de cubrir su pecado con engaños, pero no le sale, y termina mandando a matar al amigo para tapar todo el relajo que hizo. Hasta este momento vemos a un hombre que le dio rienda suelta a su pecado y que trató de resolver la situación con más y más pecado y que, definitivamente estaba experimentando muchísima angustia. Pero Dios saca el asunto a la luz y lo confronta y ahí viene la respuesta más increíble de David, Salmo 51 “Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí… Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos”. Entonces, si tu ansiedad viene de un pecado que cometiste por favor lee todo el Salmo 51 y sigue el magnífico ejemplo de David quien, a pesar de no tomar en cuenta a Dios al principio, finalmente reconoció y confesó su pecado, y buscó la ayuda y el perdón de Dios.

Si tu ansiedad viene como producto del pecado original y hay o hubo enfermedad, muerte o desastre alrededor tuyo es importante que le eches un vistazo a los primeros capítulos del libro de Job, ahí vas a leer todas las calamidades por las que pasó; sus 10 hijos murieron, sus enemigos mataron a todos sus criados y sus camellos, un fuego del cielo quemó todas sus ovejas y pastores, y más adelante Job se enferma. Era tal la miseria de Job que su esposa quejosa le dice “maldice a Dios y muérete”. Sin embargo, Job no se puso a culpar a Dios, ni a pelear con los mensajeros que le fueron a dar las terribles noticias, por el contrario, tal era su temor del Señor y su confianza en Él que Job dice: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno”. Si tú estás atravesando por una dura prueba como estas, recuerda que, aunque no te des cuenta, Dios tiene un propósito bueno para todo y tenemos esperanza en la vida futura; dejaremos de sufrir y volveremos a reunirnos con nuestros seres queridos, aquí no termina la historia, entonces no peques más en contra de Dios.

Si tu ansiedad viene de un pecado que han cometido en tu contra, lee la historia de Jesús en el huerto de Getsemaní. Jesús dijo: “mi alma está muy triste hasta la muerte”, y comenzó a angustiarse en gran manera, tanto, que su sudor era como gotas de sangre. Finalmente, lo aprehenden, lo humillan, lo torturan y justo cuando está padeciendo tremendamente en la cruz, Jesús ora de esta manera: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Ante la injusticia, Jesús sintió ansiedad, pero no guardó rencor ni coraje, ni tampoco maquina una venganza. Entonces, no estoy diciendo que si fuiste o eres víctima de un abuso te dejes abusar, al contrario, has lo conveniente legal y prácticamente, quizás tengas que alejarte por un tiempo, pero no guardes odio y resentimiento, busca poder hacer la oración de Cristo y pide por la salvación de la persona que ha pecado en tu contra.

Como podemos ver, la ansiedad se origina en el pecado, a veces el nuestro, otras veces no, pero sea cual sea el caso tenemos que aprender a responder de una manera cristiana; detener nuestro primer impulso porque ese siempre va a empeorar las cosas y pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a aprender a responder como Dios manda.

¡Que tengas un lindo día y que Dios te bendiga!


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