Al Miedo lo Vence el Miedo

Día 15 “Al miedo lo vence el miedo”

¡Buenos días, espero se encuentren bien! En el video pasado hablé de la ansiedad que nos puede causar la idea de experimentar dolor y muerte, y decía que la mejor manera de enfrentarlo es confiando en que Dios nos dará todo lo que necesitamos en ese momento. Pero hoy quiero explicar a que me refiero cuando en otras ocasiones he dicho que al miedo lo vence un miedo más grande.

Como hemos visto a lo largo de toda esta serie, la ansiedad está compuesta 100% de miedo y la gran parte de nuestras decisiones las tomamos impulsados por esos miedos y eso genera ansiedad. Y el miedo no respeta edad, posición social, estatus económico, o religión, nos pega a todos por igual.

Y como les decía en uno de los videos anteriores, la mayoría de los miedos son los mismos en todos nosotros, hay una infinidad de miedos, algunos de ellos se convierten en fobias y por más inverosímiles que nos parezcan la verdad es que, quien las padece sufre en gran manera junto con sus seres queridos. Inclusive hay un miedo a tener miedo y, por si no lo sabes, es un miedo más común de lo que se piensa. Este miedo comienza, generalmente, después de haber sufrido un ataque de pánico o ataque de ansiedad en el que la persona sintió que su vida estaba en un grave peligro, al pasar este pico de ansiedad tan agudo, el individuo se queda como en estado de alerta, completamente nervioso e hipervigilante y así nace el miedo a que se repita ese miedo tan intenso que produjo el ataque de pánico.

Pero a cualquier tipo de miedo lo vence un miedo más grande y les voy a poner un ejemplo: hace como diez años me dio un ataque de pánico, por supuesto que, para ese entonces yo no tenía ni idea de que era eso de “ataques de pánico”, o sea ya los había experimentado una que otra vez, inclusive de niña, pero jamás había sabido qué era eso. Bueno, este ataque me había llevado al hospital y cuando me atendió la doctora yo creía que me estaba dando un paro cardiaco y que iba a morir ahí mismo, pero la doctora me dijo que solo era estrés, pero ¿cómo estrés? Insistí, me duele el pecho, estoy sudando, el corazón se me va a salir… la doctora muy amablemente me dijo que solo estaba presionada y que, aunque el procedimiento indicaba que me debía quedar en observación, pues que ella no me lo recomendaba porque había una epidemia de H1N1 en el hospital que no podían controlar. En ese momento tuve que posponer mi paro cardiaco porque me daba más miedo contagiarme de esa nueva influenza, ¿me explico? O en aquella ocasión que iba en un avión bastante ansiosa y para distraerme un poco, decidí que quería ir al baño, y cuando iba rumbo al baño ¡se sintió una turbulencia que literalmente me levantó del piso como 30 cm y casi le caigo encima al pasajero de enfrente! jamás volví a pensar en que el avión se iba a caer, sino en que no me volvieran a dar ganas de ir al baño. ¿Me explico? Todos nuestros miedos son relativos, relativos a como interpretemos el peligro.
 
Pero, aunque al miedo lo venza un miedo más grande y sea nuestra respuesta normal ante la incertidumbre, Dios nos manda a no temerle a nada ni a nadie, más que a Él, este es el único temor que debemos cultivar. Por eso dicen las Escrituras “Bienaventurado el que teme al Señor”, “El principio de la sabiduría es el temor del Señor” “El fin de todo discurso es este: teme a Dios, y guarda sus mandamientos…”. Y es que, Dios es el único que está en control de todas las cosas. Como decía RC Sproull ni una simple molécula por minúscula que ésta sea, puede salirse de la voluntad y del control de Dios, porque Él y solo Él es soberano.

La Biblia está llena de versículos que directamente nos mandan “no temer a nada ni a nadie más que a Dios”, por ejemplo, Mateo 10:28 “no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”. Pero recuerda que este temor no debe de ser en el sentido de pavor sino de reverencia, reconociendo que Él y solo Él, es Todo Poderoso, pero que también que es un Padre amoroso.

Y un caso que lo ejemplifica es la Nación de Israel, el pueblo escogido y amado por Dios. Y claramente lo podemos leer en muchos lados de las Escrituras. Oseas 11 lo detalla perfectamente. Ahí dice que Israel era como un muchacho y que Dios lo amó y lo rescató de Egipto y los alimentó, pero Israel insistía en hacer las cosas a su manera y en no obedecer a Dios y Dios volvía a hablar con ellos tiernamente para hacerlos entrar en razón, pero ellos le volvían a dar la espalda, y así una y otra vez, hasta que Dios los entregó a los Asirios y permitió que la espada cayera sobre ellos y que su aldeas fueran saqueadas y finalmente que los tomaran cautivos. Dios los disciplinó, pero aún ahí, dice el relato que Dios no los abandonó, sino que tuvo compasión de ellos, es decir, los dejó vivir las consecuencias de su desobediencia, pero volvió a estar al pendiente de ellos. Dice el versículo 10 “En pos de Jehová caminarán; él rugirá como león; rugirá, y los hijos vendrán temblando desde el occidente”. No podemos olvidar que Dios al que ama disciplina y cuando comenzamos a hacer las cosas a nuestro buen entender y sacamos a Dios, Él, como un Padre bueno, nos va a disciplinar.

Pero esta idea de la disciplina nos hace corto circuito en el siglo XX1. La humanidad ha perdido el temor a Dios, hace apenas un siglo atrás la mayoría de la gente lo tenía, o por lo menos tenían bien claros los valores morales bíblicos, pero de repente todo comenzó a cambiar, llegó el new age y con él un mundo de filosofías que dicen que cada quién puede hacer lo que se le antoje mientras “no dañe” a las personas. Y con el pretexto de que es mi vida, es mi cuerpo y es mi decisión, se han abalado cosas tan dañinas como el aborto, el divorcio por cualquier cosa y el matrimonio homosexual… como si en verdad estas cosas no dañaran irreversiblemente a las personas, a las familias y a la sociedad misma, pero sobretodo, son cosas que afrentan la santidad de Dios y que claramente Él las rechaza. Si decimos que creemos en Él y que la Biblia es su Palabra tenemos que cultivar el temor del Señor, el apóstol Pedro lo expresó de esta manera “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación”. Y ya vimos que este temor se refiere al temor del Señor.

Sí, debemos depositar nuestra confianza en Dios, sentirnos seguros en sus brazos, poner toda nuestra esperanza y fe en Él, pero también debemos cultivar el temor y no lo hacemos como deberíamos… muchos padres siguen educando a sus hijos con temor a hacerlos enojar, muchos hombres llevan dobles vidas sin temor cuál ninguno, muchas mujeres dicen conocer a Dios, pero siguen sin respetar a su marido. Exactamente como dice Oseas 11:7 “Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí; aunque me llaman el Altísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer”.

Cuando no nos conducimos con temor de Dios experimentamos ansiedad, como cuando tu hijo hace algo mal y lo estás regañando y le ves la cara de susto. Es más, hasta los perritos cuando sacan la basura o rompen los zapatos y los regañas, experimentan esa sensación incomoda de haber hecho algo que no está bien. Y eso mismo nos pasa a nosotros cuando no caminamos con temor de Dios, sentimos ansiedad.

Miren, después de haber vivido una vida sin tomar en cuenta a Dios, Salomón concluye que todo es vanidad de vanidades y que “El todo en la vida es Temer a Dios y guardar sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre”

Entonces, esta semana medita en las maneras prácticas en que muestras tu temor reverencial al Señor, puede ser la manera en la que tratas o le hablas a tu cónyuge, o la manera en la que te expresas de las personas. Medita ¿hay temor de Dios en tu vida? ¿cómo puedes mostrarlo y cultivarlo de manera práctica?

¡Que tengas un lindo día y que Dios te bendiga!


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