Cuando el Dinero es algo más que Dinero

Proverbios 23:4-5

¡Buenos días mujercitas, espero se encuentren bien! Hoy platicaré acerca del proverbio 23:4 y 5 que dice “No te afanes por hacerte rico; Sé prudente, y desiste. ¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo”. Y este proverbio me recuerda muchos pasajes en las Escrituras que hablan precisamente de lo mismo. Mateo 6 “no te hagas tesoros en la tierra done la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan, mejor hazte tesoros en el cielo” o Lucas 12 “Mira y guárdate de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” o Eclesiastés 5 “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad”.

Y así, una infinidad de pasajes que nos advierten sobre tener una mala relación con las riquezas. Porque la mayoría de las personas nos aferramos tanto al dinero que se vuelve enfermizo y un pecado grande porque el dinero comienza a tomar el lugar que solo Dios debería de tener.

Sino fíjate, lo más común es correr a checar la cuenta bancaria o ir a pedir un préstamo antes que pedirle ayuda a Dios y esperar en Él, muchos padres buscan diligentemente el mejor colegio de paga para sus hijos antes de pedirle a Dios que los guíe para ser buenos padres, las familias salen de vacaciones y se gastan buenas cantidades de dinero antes de darle al prójimo (no de las sobras, sino del dinero de las vacaciones, de lo que cuesta darle). ¿Me explico? El dinero se convierte en algo más que dinero, se vuelve su seguridad, su identidad, su motivo de vida, su alegría, su preocupación…su pequeño gran dios.

Miles de personas se levantan todos los días con la preocupación económica, llenos de ansiedad y de estrés, se afanan por ir a trabajar y recibir el cheque de la quincena y viven su vida preocupados por lo poco que tienen (que en muchísimos casos no es tan poquito), o se la pasan angustiados por lo que no pueden tener (que en miles de casos ni siquiera lo necesitan), y su vida se vuelve algo así como robótica; trabajar y gastar, trabajar más y gastar más, y todo se reduce a lo material; las riquezas, las posesiones y gastar… pero la verdad es que en la vida real hay muchas más cosas que lo material ¿cierto?

Miren la verdad es que es un tema que conozco, porque en mi vida matrimonial hemos atravesado situaciones económicas bien difíciles, y la tendencia natural es sentirte segura cuando la cuenta de banco tiene por lo menos algo ahorrado, sin embargo, le doy gracias a Dios por cada una de esas veces que no veíamos la salida porque en todas esas ocasiones (que fueron bastantes) Dios nos mostró su gracia y la fidelidad de su misericordia, y les puedo contar muchísimas anécdotas, pero solo les compartiré aquella vez que debíamos pagar la renta y teníamos el dinero justito juntando las últimas moneditas, pero en eso recordamos que no habíamos apartado el diezmo…

¡Oh! Problema, si quitábamos lo del diezmo descompletábamos la renta, si no pagábamos la renta nos sacarían todas nuestras cosas a la calle (porque vivíamos en Canadá y así es allá, si no pagas dentro de los primeros días legalmente te sacan tus cosas a la calle). Y recuerdo que Jorge y yo estábamos contemplando muy seriamente la idea de deberle a Dios el diezmo, después de todo Él entendía nuestra situación. Pero resonaban en nuestra conciencia todos esos versículos como los que acabamos de leer y sobre todo aquel en Malaquías que dice: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde”.

Decidimos darle a Dios lo que le correspondía, después de todo, era gracias a Él que teníamos todo lo que teníamos (aunque materialmente no era mucho en aquel entonces), pero Jorge tenía trabajo, teníamos salud, tres hijos preciosos y activos y la bendición de estar juntos en su Palabra. Ese mismo día en la noche tocaron a la puerta; resulta que una persona había sentido de parte de Dios regalarnos dinero, pero al pastor se le había olvidado dárnoslo el domingo y se acababa de dar cuenta. Cuando abrimos el sobre Jorge y yo nos sorprendimos en gran manera, era justo el diezmo (con moneditas y todo) y el pastor y su esposa nos llevaban una pequeña despensa. ¡Gloria a Dios!

La verdad es que no se nos da de manera natural confiar en Dios y creer en su Palabra, creemos que Dios es un ser humano que cuando dice algo, quizás cambie de parecer, o quizás tenga algún accidente que le impida cumplir con su Palabra y por eso ponemos nuestra confianza en lo tangible, pero Dios nos conoce y por eso nos habla tanto acerca del dinero.

Aprovecho de una vez para darles una breve explicación acerca del diezmo, porque mientras que en algunas Iglesias se le da demasiado énfasis, en otras más bien se acostumbran las limosnas. Sin embargo, es un tema muy importante. El diezmo es un concepto desde el Antiguo Testamento, era un mandato que la gente diezmara el 10% de las cosechas o el ganado, se utilizaba para ayudar a los huérfanos y a las viudas, para la manutención de los sacerdotes y para el templo. En el Nuevo Testamento nunca se habla dar específicamente el 10% de las ganancias, de hecho, fue Cristo quién regañó a los fariseos porque diezmaban de todo, hasta de las especias, lo cual era bueno, pero el problema residía en los motivos del corazón; los fariseos diezmaban de manera legalista (o sea como un tengo que hacer) y para que los demás los admiraran. Por eso Jesús les dice “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezman la menta y el eneldo y el comino, y dejan lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”. O sea que es bueno que diezmemos, pero lo más importante es el motivo por el cual lo hacemos.

Cuando diezmamos debe ser con gratitud, reconociendo que Dios nos ha dado todo, en sumisión a Dios, apoyando a la Iglesia para la predicación del Evangelio y el discipulado. Cuando diezmamos demostramos nuestra confianza en Dios y no en nosotros mismos y nuestras riquezas.

Es más, los creyentes del primer siglo no se limitaban a dar el 10% daban aún más, el diezmo está íntimamente ligado a lo que hay en nuestro corazón, por eso, si tu confías en Dios, si crees en su Palabra y si verdaderamente tus ojos están en sus propósitos no hay manera de que no diezmes o que te limites a dar limosnas, al contrario, vas a dar aún más y con un corazón dispuesto y alegre.

¡Que tengas una linda semana, y que Dios te bendiga!


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